Tomar la decisión de vacunarse contra la covid puede ser como saltar a aguas oscuras
03 de jun. de 2021
Un comentario especial para el periódico Wichita Eagle escrito por Ryan W. Gates. Ryan trabaja en HealthCore Clinic y es profesor adjunto en la Escuela de Artes Digitales de la Universidad Estatal de Wichita.
POR RYAN W. GATES ESPECIAL PARA EL EAGLE
Estamos parados a la orilla de agua profunda en una calurosa noche de verano. Sabemos que una vez que entremos al agua, nos enfriará la piel, nos lavará la mugre del día del cabello y nos dará esa sensación de calma que llega después de que termina el baño. Pero en este momento, esa agua se ve fría, oscura y misteriosa. Uno de nuestros amigos ha estado nadando aquí toda su vida, es un “experto” por decirlo así. Cuando la orilla del agua estuvo por primera vez bajo nuestros pies y sin perturbar, fue el primero en saltar. Nos demuestra que el agua es segura y nos da instrucciones sobre cómo entrar.
El grupo de “esperar y ver” se detiene en la orilla evaluando cómo les va a los demás. Al igual que la primera ola de nadadores, un líder debe surgir de este grupo. Hay llamados de las personas en el agua, “¡Entra! ¡El agua está perfecta!” Aun así, el grupo del “Esperar y Ver” se queda. Lo desconocido da miedo, y esa agua parece particularmente oscura y misteriosa ahora. Entonces, un miembro del grupo del “Esperar y Ver” se vuelve hacia los demás y dice:, “Lo haremos juntos.”
Nos tomamos de las manos. Hacemos miniconferencias y discutimos nuestros miedos. Hacemos acuerdos mutuos. Luego...
“¡1… 2… 3!”
Con los ojos bien cerrados, tomados de la mano, ¡saltamos hacia lo desconocido! ¡El agua fría se precipita a nuestro encuentro! Estamos rodeados de oscuridad, los sonidos del mundo se esfuman y nuestro pánico aumenta mientras nos sumergimos en un mar de burbujas. Luego, nuestros sentidos vuelven a nosotros al salir a la superficie del agua y tomar una respiración profunda. ¡Entramos! ¡Podemos respirar! Estamos bien. El agua está fresca, no fría. La oscuridad no da miedo, es emocionante. El miedo es reemplazado por alivio.
Hay miembros de nuestro grupo que se quedan en la orilla. Unos cuantos del grupo de los “esperar y ver” no dan el salto. Algunos de nuestros miembros ni siquiera se pusieron un traje de baño; no quieren nadar esta noche ni ninguna otra noche. Está bien. Siguen siendo parte de nuestro grupo. No están equivocados por no nadar. Nosotros no tenemos la razón por habernos lanzado. Todos somos personas diferentes que tomamos decisiones diferentes.
Estamos en un punto de inflexión para las vacunaciones contra el COVID-19. Muchos de los que adoptan la postura de “esperar y ver” tienen los dedos de los pies al borde del muelle y están esperando ese último impulso interno que nos hace decir “¡Anímate!” y salta. Cuando des ese salto, piensa en el fiel seguidor que se lanzó detrás del “experto”. Este eres tú ahora. Eres el fiel seguidor que puede incitar un movimiento.
Cuando nos secamos con la toalla y volvemos a mirar el lago, ya no veremos aguas oscuras y misteriosas. Veremos el lugar donde nadaste y yo nadamos juntos bajo una luna de verano. Recordamos la sensación de unión y esperamos con ansias la próxima vez. Nos reunimos con quienes no nadaron, y una vez que nos alejamos de la orilla del agua ya no importa quién nadó o quién no. Cada quien tiene su propia experiencia. La persona que se metió de cabeza. La que gritó de celebración en un piquero de bala de cañón. La que entró despacio, paso a paso. La que saltó tapándose la nariz y con los ojos bien cerrados. La que mojó la punta de un pie. La que nunca se metió. La que piensa que todos los que nadaron están locos.
No soy ningún experto. Pero puedo decirte que, “El agua está deliciosa. Entra.”
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